Palabras clave: rosácea - enfermedades - salud - enfermedad de la piel - enrojecimiento - afecciones -
Alrededor de un 10% de la población sufre rosácea, una enfermedad de la piel que se caracteriza fundamentalmente por el enrojecimiento, la dilatación de los pequeños vasos sanguíneos del rostro y, en algunos casos severos, por cambios en la apariencia y tamaño de la nariz. El enrojecimiento de la piel no siempre responde a un simple ruborizarse por timidez, sino que en muchos casos obedece a la rosácea, condición que si bien no es peligrosa desde el punto de vista médico, afecta de manera negativa la calidad de vida de quienes la padecen. La rosácea responde bien a los tratamientos siempre que se realicen con regularidad y se eviten los factores que la desencadenan. Raramente desaparece por sí sola, puede durar muchos años y empeorar sin tratamiento; y puede tener un gran impacto en la vida social, emocional y laboral de quien la sufre. Numerosos estudios científicos demostraron que las afecciones de la piel, especialmente aquellas que aparecen en zonas visibles del cuerpo como el rostro, pueden causar depresión, ansiedad, inseguridad y aislamiento social. Muchos pacientes refieren alteraciones en su vida social debido a la aparición de rosácea, a tal punto de impedirles concurrir a lugares cerrados o muy calefaccionados, o consumir determinados alimentos o bebidas, ya que hay dificultad para neutralizar el enrojecimiento, y esto repercute en la confianza y autoestima. A pesar de no tener cura, el tratamiento médico adecuado y las modificaciones del estilo de vida pueden ayudar a manejarla. Al ser un trastorno crónico, se busca reducir los síntomas y mantener dicha mejoría, a través de una medicación oral y otra tópica, además de la posibilidad de drenajes linfáticos, aplicación de láser, o luz pulsada intensa dependiendo de la gravedad de cada caso.