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Relatos de viajes

Partimos del Hospital a las 6:30 hs. aproximadamente, era un día de verano; que dicho sea de paso fue el día más caluroso de esa temporada

Por: Graciela de la Canal Cristaldi [*]

Palabras clave: Relatos de viajes - anecdotario - Hospital - Alejandro Korn - Melchor Romero -

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Un día me llegó a la oficina, desde una sala, la solicitud de contratación de un micro para realizar un viaje con pacientes. Cuando realicé todo el trámite, me comencé a preguntar: "¿Cómo serán estos viajes?", yo siempre hago estos trámites pero nunca sé de manera fehaciente si el servicio es bueno. Entonces me atreví a realizar una pregunta: -"¿Hay un lugar más?, ¿Me llevan?"...del otro lado encontré una respuesta que me llenó de alegría: -"¡Si, cómo no vas a venir!".

En realidad, en mi interior, creo que lo que más me movilizó a viajar era el destino: San Nicolás de los Arroyos, en ese momento pensé "tengo ganas de ir a visitar a la Virgen, actualmente no puedo por motivos económicos, y es una buena oportunidad para hacerlo más si es para acompañar y además para adquirir una nueva experiencia de vida".

El día indicado, partimos del Hospital a las 6:30 hs. aproximadamente, era un día de verano; que dicho sea de paso fue el día más caluroso de esa temporada.

Más allá del calor reinante, la alegría de las pacientes, compensaba las otras incomodidades propias del verano; hasta que me encontré sentada en un parque compartiendo la merienda con todas ellas.

Pensándolo hasta parece mágico como se moviliza todo el contingente, que un sándwich para una, que un vaso de jugo para la otra; la de más allá necesita ir al baño, ¿quiénes se repartían toda esa tarea? Una enfermera, una religiosa, la doctora y por supuesto yo también, después de todo no había ido solamente a pasear sino a colaborar.

Todo muy lindo pero, como lo bueno pasa pronto, el viaje terminó... y ¿qué puedo decir de esta experiencia? Simplemente TODO, esta actividad me llegó tan íntimamente que me hizo olvidar del sol, del calor, del cansancio; todo lo compensaba la alegría de ese pequeño grupo de más de 30 pacientes. Esas caras de alegría y los comentarios, algunos chistes al pasar. No me queda más que decir que esta experiencia no tiene precio.
Después de este viaje, me invitaron a otro, destino: Mundo Marino, trabajo que tampoco me quise perder, pero a este lo quise dejar documentado; nos llevamos fotógrafo, este también fue otro día inolvidable.

Sin perder tiempo, mientras volvía, un poco más relajada, me dije; "Todos los pacientes del Hospital tienen el mismo derecho, todos tienen derecho a conocer más allá del perímetro del Hospital y yo voy a hacer lo que pueda para conseguirlo".

Cuando volví a trabajar, le presenté esta propuesta a mi jefe, la intención era formar personalmente un contingente, desde la oficina y acompañar la realización de los viajes. Los pasos fueron los siguientes: cursé la invitación a unas 6 (seis) salas para que me remitan un listado de 5 (cinco) pacientes y un enfermero acompañante; para esto ya había iniciado la tramitación para contratar el micro; armado éste hice lo mismo con otras salas con distinto destino, dejando todos los hilos de los títeres del que sería el segundo viaje (una semana después del primero), partimos rumbo a Mundo Marino. Una vez más me sentía tanto o más contenta que los demás integrantes del contingente, debo reconocer que estaba hiper activa, pero el cansancio y nerviosismo porque algo fallara estaba compensado por la alegría que estabamos brindando a los pacientes.

De estos viajes, ambos muy largos, ya que el segundo que organicé también fue hasta San Nicolás; ya ha pasado poco más de un año, a mí algunas caras se me han desdibujado, pero parece que mi cara a ellos les quedó bien grabada porque cuando me cruzan en el Hospital, se les escapa una pregunta: "Señora ¿cuándo nos vamos de viaje otra vez?". Esta pregunta, lamentablemente no tiene una felíz respuesta para ellos ni tampoco para mí.

Octubre 2002.-



[*] Ex Secretaria del Area de Comunicación Social e Institucional

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