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"Las consecuencias del alcohol en la salud de los chicos son significativas", declaró Mark Bellis, de la Universidad John Moores de Liverpool, en el noroeste de Inglaterra. "Los padres que optan por permitir beber a sus hijos de entre 15 y 16 años podrían limitar los daños reduciendo el consumo a una frecuencia menos elevada (no más de una vez por semana) y sin autorizar jamás el binge-drinking (consumo rápido de alcohol hasta emborracharse)", agregó. La universidad llevó a cabo un estudio entre 10.000 adolescentes de 15 y 16 años que mostró que 36% de ellos ya bebieron en lugares públicos como parques o centros comerciales. Alrededor del 30% de los jóvenes interrogados dijeron haber participado en actos de violencia durante consumos excesivos de alcohol y 12,5% mantuvieron relaciones sexuales de las que luego se arrepintieron. Prohibir totalmente el consumo de alcohol "podría agravar las consecuencias entre los adolescentes", agregó Bellis. En cambio, enseñar a los jóvenes a beber razonablemente podría "prepararles para la vida en un entorno adulto dominado por esta droga", estimó. Gran Bretaña trata desde hace años de inculcar a su juventud una relación con el alcohol considerada más próxima a la que rige en el resto de Europa, es decir sin el "binge-drinking" que practican numerosos británicos en las noches de fin de semana.