Palabras clave: psoriasis - enfermedades de la piel - escamas - estres - tratamientos - terapias -
La mitad de los afectados por la psoriasis limita su vida social y su sexualidad por miedo al rechazo. Tal es el estigma con que carga todavía esta patología no contagiosa que afecta a millones de personas en todo el planeta. Conocida popularmente por las lesiones rojas con escamas blanquecinas que genera sobre la piel, la psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica que puede aparecer a cualquier edad, en cualquier raza y en ambos sexos por igual. Esas lesiones -que pueden picar, doler y a veces sangrar- suelen manifestarse en los codos, las rodillas, el cuero cabelludo y las manos. Pero pueden afectar también otras partes del cuerpo y estar acompañadas incluso con compromiso en las articulaciones. La psoriasis no tiene una única causa. Si bien existe cierta predisposición genética a padecerla, ésta suele desencadenarse por distintos factores como el estrés, las situaciones de impacto psicoemocional, las infecciones e incluso el efecto secundario de algunos medicamentos. El hecho es que no todas las psoriasis son iguales ni responden al mismo tratamiento. Y éste es un aspecto de la enfermedad que atenta particularmente sobre las posibilidades de recuperación de quienes la padecen: ante la falta de resultados, un alto porcentaje de ellos abandona las terapias. El problema es que muchos recurren a médicos no especializados que no siempre pueden brindarles respuestas efectivas, lo que genera gran insatisfacción. Si a eso se le suma la discriminación a la que están expuestos los pacientes, el resultado es muy negativo. Por ser una enfermedad psicosomática, ese contexto no sólo no los ayuda sino que les produce nuevos brotes. Cada caso debe ser tratado en forma individual. Y las terapias más efectivas son aquellas que plantean "un abordaje interdisciplinario", desde la dermatología, la terapia psicológica y la reumatología.