Palabras clave: diabetes mellitus - glucemia - aumento - niveles de azúcar en sangre - glucosa - hormona - patología - insulina - salud - enfermedades - prevención - alimentos - hiperglucemia -
Esta enfermedad es considerada una patología crónica, en la que el cuerpo es incapaz de usar y almacenar apropiadamente la glucosa, lo que provoca su permanencia en sangre en cantidades superiores a las normales. Esta circunstancia altera, en su conjunto, el metabolismo de los hidratos de carbono, los lípidos y las proteínas. Si no es tratada a tiempo puede causar ceguera, insuficiencia renal, impotencia, infartos, entre otras consecuencias. La glucosa es la principal fuente de energía que tiene el organismo y penetra en las células que la utilizan gracias a la insulina, una hormona producida por el páncreas. La persona diabética no produce insulina o la produce en poca cantidad o de manera ineficaz, por lo que la glucosa no logra entrar en las células y se acumula en la sangre, lo que eleva la glucemia y produce lo que se denomina una hiperglucemia. Hay diferentes tipos de diabetes, la tipo I o Diabetes Mellitus Insulinodependiente, la tipo II o Diabetes Mellitus no Insulinodependiente y la Gestacional. Los síntomas Si la glucemia supera los 300 miligramos por decilitro, se pueden producir trastornos tales como, por ejemplo, cansancio, pérdida de peso ó excesivo apetito (polifagia), náuseas, vómitos, mucha sed (polidipsia) y excesiva cantidad de orina (poliuria), ya que el organismo necesita mucho líquido para poder eliminar el exceso de glucosa. La enfermedad se desarrolla por el ataque del sistema inmune contra las propias células beta del páncreas, encargadas de producir insulina. Este proceso parece tener varias etapas: primero, hay una predisposición genética, en la que parece haber implicados varios genes y en segundo lugar, parece necesario que ocurra un factor desencadenante ambiental como: infección viral, estrés, sedentarismo, toxinas, crisis asmáticas o ingesta de medicamentos y mala alimentación. El control de ésta enfermedad se consigue mediante el suministro de insulina (cuando el diabético no la produce o la produce en poca cantidad) o de pastillas que aumentan la producción de insulina y su utilización. En los casos menos graves, una dieta apropiada puede ser suficiente para controlar la enfermedad conjuntamente con ejercicios físicos en forma regular, a lo que deberá añadirse el auto-análisis diario de sus niveles de glucosa en sangre con tiras reactivas. No obstante, en los casos en que es necesario el suministro de insulina o de antidiabéticos orales, la dieta disminuye la necesidad de insulina y mejora los resultados del tratamiento farmacológico. La dieta permite controlar mejor la glucemia y prevenir las complicaciones. La hiperglucemia superior a los 150/200 mg/dl con el tiempo puede causar enfermedades de los vasos, es decir, relacionadas con el aparato vascular, y enfermedades de los microvasos, en particular los del riñón y de la retina.
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