Palabras clave: insulina - diabéticos - niveles de glucosa en sangre - páncreas - 1922 - Frederick Banting - Charles H. Best - John J. R. MacLeod - línea de tiempo - historia - medicina -
Los enfermos de diabetes, un trastorno caracterizado por los altos niveles de glucosa en la sangre, estuvieron condenados a una muerte lenta pero segura hasta que el médico canadiense Frederick Banting y su ayudante Charles H. Best aislaron la insulina. Esta sustancia, suministrada a las personas por primera vez en 1922, alargó la vida a los diabéticos y les proporcionó una existencia relativamente normal. Hacía tiempo que la investigación diabética se había concentrado en el páncreas porque, al tratar la glándula en el laboratorio, los animales desarrollaban una enfermedad parecida a la diabetes. Se creía que algunas células del páncreas, conocidas como "islotes de Langerhans" por su descubridor, segregaban una hormona llamada "insulina" (del latín, isla). Esta controlaba el metabolismo de las moléculas de glucosa en el cuerpo. Los intentos de aislar la hormona a través del método tradicional de reventar el páncreas habían fallado porque la glándula contenía enzimas digestivas que destruían las moléculas de base proteica. A Banting se le ocurrió una alternativa tras leer un artículo sobre un experimento con perros, según el cual si se bloqueaba el conducto que transportaba las enzimas digestivas a los intestinos, el páncreas se degeneraba. Como los islotes de Langerhans no tenían nada que ver con la digestión, Banting pensó que este proceso podía dejarlos intactos dentro del páncreas, arrugado y sin enzimas. John J. R. MacLeod, profesor de medicina en la Universidad de Toronto, le proporcionó espacio en un laboratorio y un ayudante (Best, que aún era estudiante). Banting repitió el experimento canino y esperó seis semanas para ver si su hipótesis era correcta. Lo era: los islotes de Langerhans seguían sanos y la solución que extrajo de ellos mitigó los síntomas de los perros diabéticos. La insulina había sido aislada. Al cabo de un año se administró a las personas. Cuarenta y tres años después pudo ser sintetizada en el laboratorio. Banting y MacLeod ganaron el premio Nobel en 1923. Banting pensó en rechazarlo: no le parecía bien compartir el premio con alguien que en realidad sólo había contribuido con el espacio del laboratorio. Luego insistió en repartir el dinero del premio con Best.