Palabras clave: enuresis nocturna - esfínteres - niños - pis - orinar - micción - sueño -
La enuresis nocturna consiste en la dificultad por parte del niño de controlar sus esfínteres. Sus causas son múltiples y variadas, y en algunos casos incluso se ignoran. La enuresis nocturna es un trastorno de la infancia que consiste en la micción inconsciente durante el sueño. Salvo raras excepciones, una persona adulta no se orina en la cama, a menos que presente importantes anomalías del sistema urinario o que tenga diabetes mellitus, retención crónica de orina, infecciones urinarias, espina bífida oculta o bien problemas emocionales graves. Estos casos, sin embargo, son poco usuales y no conciernen a la gran mayoría de niños que se orinan en la cama. A partir del año y medio de vida, los niños empiezan a controlar sus esfínteres de la uretra y del ano. Se calcula que a los dos años la mitad de los niños todavía no controlan sus esfínteres, mientras que a los cinco años los que se orinan en la cama aún son el quince por ciento y a los doce años el cinco por ciento. Así pues, el problema está mucho más extendido de lo que parece a simple vista. Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que orinarse en la cama no es una enfermedad, aunque se trata de un problema frecuente y a menudo difícil de resolver. La enuresis nocturna afecta más a los niños que a las niñas; más a los que nacieron con bajo peso que a los que en el momento de nacer tenían un peso normal o elevado; y más a los niños de raza negra que a los de raza blanca. Se dice que los niños que se orinan por la noche tienen una vejiga urinaria más pequeña que los otros. Esto sólo es parcialmente cierto, puesto que esta menor capacidad de la vejiga en la gran mayoría de los casos viene dada por un espasmo de los músculos de la zona de la pelvis, que predispone además a una mayor irritabilidad de los esfínteres de la orina. Por esta razón, gran parte de niños con enuresis nocturna, durante el día suelen orinar con bastante frecuencia. Alimentación y enuresis nocturna A pesar de que la gran mayoría de las personas (incluidos muchos médicos) piensa que orinarse en la cama tiene más relación con lo que se bebe que con lo que se come, existen numerosos estudios científicos que relacionan este problema con una alergia de tipo alimentario. Generalmente se relaciona el tema de la alergia a los alimentos con la presencia de erupciones cutáneas (al comer marisco, por ejemplo), crisis de asma u otras alteraciones graves y visibles. Existe, sin embargo, un sinnúmero de alergias escondidas que sólo ocasionan irritabilidad nerviosa o alteraciones ligeras de las mucosas internas, difíciles de diagnosticar. En un estudio realizado a cien niños en 1978, se observó que suprimiendo la leche y sus derivados de la alimentación, la mitad de ellos dejaban de orinarse en la cama. Los investigadores concluyeron que la leche disminuía el reflejo de vaciado de la vejiga de la orina por inhibición del tallo cerebral. Entre los principales alimentos alergénicos están la leche de vaca, el chocolate, los huevos, los cereales, el maíz, la carne de cerdo, el pescado azul, el marisco, los espárragos y las frutas cítricas (limón, naranja, pomelo). Además, existen alergias a numerosos aditivos alimentarios como el almidón de maíz, azúcares industriales, conservantes, colorantes y aromatizantes. Es importante, pues, que el niño que se orina en la cama haga una alimentación lo más libre posible de productos artificiales. También se ha demostrado, en algunos casos, que las aspirinas y derivados pueden inducir la enuresis. En general, las alergias alimentarias en este tipo de niños se expresan en forma de hiperactividad; son niños nerviosos, que nunca están quietos y que se orinan con la misma facilidad con que se mueven y juegan. Tratamientos Ante todo, es necesaria una alimentación adecuada, exenta de productos que puedan producir alergia. Pero hay otros aspectos a tenerse en cuenta. Evitar el estreñimiento En caso de estreñimiento, el aumento de la masa fecal en la zona baja del abdomen ocasiona una compresión de la vejiga urinaria, con disminución de su capacidad general y con aumento de las ganas de orinar. Recordemos que la sensación de orinar viene dada por el grado de tensión que sufren las paredes de la vejiga urinaria. Practicar ejercicios para educar el reflejo de la orina Es también importante educar del reflejo de la orina para mejorar la capacidad de autocontrol del niño. En primer lugar, se recomienda que cuando el niño tenga ganas de orinar durante el día intente aguantarse un poco antes de ir al baño. Muchos niños, cuando tienen que ir a orinar sienten la necesidad de ir inmediatamente, sin poder esperar. Una vez el niño está orinando también son útiles los ejercicios de retención de la orina, que consisten en: parar de orinar, seguir orinando, parar de orinar, seguir orinando. De esta manera se refuerza la capacidad consciente de controlar el flujo de orina. Si se realiza este ejercicio durante un plazo medio de unas seis semanas, se suelen observar resultados positivos, aunque en determinados casos será necesario persistir durante más tiempo. Higiene Hay otra serie de factores que los padres deberán tener en cuenta para evitar la enuresis. En primer lugar es imprescindible una higiene cuidadosa de los genitales, ya que cualquier pequeña infección en esa zona produce irritación y aumenta el problema. Evitar el frío durante el sueño El frío también ocasiona un aumento de la necesidad de orinar; hay que vigilar, especialmente en la cama, que el frío de la noche no incite al niño a orinarse. Evidentemente, un niño que se orine en la cama debe orinar cada noche antes de acostarse y no beber excesivos líquidos durante la cena. Sin embargo, trataremos de averiguar aproximadamente a qué hora se orina. Lo más frecuente es que se orine a primeras horas de la mañana, cuando acaba el sueño y empieza a despertarse; en estos casos es importante levantarlo media hora antes, hacerlo orinar y luego volverlo a la cama. En caso de que el niño se orine al iniciar el sueño o de madrugada, conviene despertarlo hacia las doce de la noche y hacer que orine. Este sistema, sin embargo, tiene un inconveniente y es que en muchos casos el niño orina dormido, de modo que este sistema no sirve para que tome consciencia de que se está orinando y de que lo hace en el lugar adecuado. Muchas veces los problemas mejoran durante los meses de verano, en los cuales el calor ambiental reduce la tendencia a orinarse; además, son meses en los que se hace un mayor ejercicio físico a cielo abierto. Como norma general, y tanto en invierno como en verano, es conveniente que el niño haga ejercicios al aire libre, de tipo vigoroso, pero sin un fin competitivo y sin fatigarse excesivamente. El factor psicológico Se ha hablado mucho de que el niño con este trastorno está tratando, inconscientemente de llamar la atención de sus padres. Es erróneo pensar que un niño que se orine en la cama está falto de cariño. Sin embargo, es muy frecuente observar niños que habían dejado de hacerse sus necesidades encima (de día o de noche) tener una recaída al nacer un nuevo hermano o cuando la madre empieza a trabajar. En primer lugar, hay que decir que retar constantemente a los niños por hacerse pis en la cama sirve de muy poca cosa. Si se los reta con severidad, el mismo temor a orinarse puede provocar mayor tensión, lo cual les hará orinarse más y hará más difícil la solución. Cuando el niño sólo se orina de vez en cuando, los padres deberán dar poca importancia al problema; aceptarlo como una cosa normal, pero deberán explicar cariñosamente al niño que ese problema debe ser solucionado y que para ello quizás deban levantarlo por la noche o restringirle el vaso de agua o de leche de la cena. El niño no debe ver que los padres se alarman y preocupan demasiado por su problema, porque esta actitud podría reforzar su conducta inconsciente de llamar la atención orinándose en la cama.