Palabras clave: Ébola - virus - enfermedades - prevención - filovirus - virus filiformes - Marburg - fiebre hemorrágica - -
Se trata de un virus perteneciente a los filovirus, que mata a una velocidad vertiginosa. Se desconoce el origen de este virus y no existe curación para la enfermedad que provoca. Una enfermedad letal El virus de Ébola infecta al huésped y provoca una fiebre hemorrágica vírica, que se manifiesta por fiebre súbita, dolores musculares y debilitamiento, a los que siguen vómitos, diarreas, problemas respiratorios y renales, shock, hemorragias internas y externas y, finalmente, la muerte. Es uno de los agentes patógenos más letales que se conocen y está clasificado como un patógeno del nivel 4. En comparación, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), agente etiológico del sida (síndrome de la inmunodeficiencia adquirida), es un patógeno del nivel 2. Se ha descrito a esta enfermedad, particularmente agresiva, como un "tiburón molecular" que puede convertir "casi todo el cuerpo en una baba digerida de partículas víricas", y esto se debe a que los órganos internos de las víctimas se descomponen, provocando hemorragias generalizadas. Primer brote La primera vez que se supo de la existencia de este virus filiforme fue en 1967 en Alemania y Yugoslavia. En ambos países, los empleados de unos laboratorios científicos presentaron un cuadro de enfermedad violenta y aguda, que provocó la muerte de 7 de 31 trabajadores. Todos presentaban un rasgo en común: habían estado en contacto con los tejidos y la sangre de unos monos verdes africanos. Cuando se analizó la sangre de las víctimas se descubrió un virus parecido a una maraña de hilos que no coincidía con ningún otro virus conocido. Después de ese incidente, que dio al nuevo organismo el nombre de virus de Marburg, se produjeron otros casos en varios países africanos, como Zimbabwe, Sudáfrica y Kenia. En el verano de 1976 apareció una nueva forma de este filovirus en dos graves brotes que se produjeron casi simultáneamente. El primero fue en Sudán y el otro en la República Democrática del Congo, a unos 800km. de distancia entre sí. En ambos lugares parecía como si hubiera estallado una bomba biológica letal, que provocó que cientos de personas enfermaran y murieran a gran velocidad. Estos brotes provocaron más de 550 casos y 340 muertes. Los análisis que se realizaron mostraron que el agente patógeno era muy parecido al virus de Marburg, pero no idéntico. En realidad, era aún más letal que éste, y se lo denominó virus de Ébola, por el nombre del río de la República Democrática del Congo donde fue identificado. Cuatro subtipos Desde el primer brote acaecido en 1976 se han identificado hasta cuatro subtipos o variedades del virus de Ébola. Se sabe que los tres primeros, llamados Ébola de la República Democrática del Congo, Ébola de Sudán y Ébola de Costa de Marfil, causan la enfermedad en el hombre, mientras que el cuarto, el Ébola de Reston (por el laboratorio de Reston, Virginia, un centro de primates donde fue descubierto), parece que sólo afecta a los monos, aunque es el único que puede ser transportado en el aire (es decir, puede propagarse a través de las partículas suspendidas en el aire). Síntomas de la fiebre hemorrágica por el virus de Ébola Un individuo puede contagiarse con los tres primeros tipos de Ébola a través del contacto directo con una persona enferma. Esto suele ocurrir en el caso de empleados sanitarios o de familiares que han estado al cuidado del enfermo y que se infectan a causa del contacto con la sangre u otros líquidos corporales del paciente. En los países muy pobres, otra vía de propagación la constituyen las agujas hipodérmicas, que son reutilizadas en lugar de desechadas. Al cabo de unos pocos días del contagio, el paciente experimenta fiebre elevada, dolores de cabeza, musculares y gástricos, cansancio y diarrea. A la semana de la infección, la mayoría de los pacientes tienen dolor torácico, shock, hemorragias y, finalmente, mueren. Los investigadores no se explican cómo algunas personas consiguen recuperarse de esta devastadora enfermedad. Tratamiento Hasta el día de hoy no se dispone de tratamiento para el virus de Ébola, y es poco lo que puede hacerse fuera de proporcionar al enfermo las mejores condiciones para su bienestar. Las únicas medidas terapéuticas posibles consisten en asegurar un aporte suficiente de líquidos al paciente, así como mantener la presión arterial y proporcionar un buen suministro de oxígeno. En los hospitales, los pacientes que padecen una infección por el virus de Ébola reciben la denominada protección de barrera, es decir, están aislados de los demás pacientes y los empleados encargados de su cuidado están provistos de ropas, mascarillas, guantes, batas y gafas de protección. Asimismo, deben seguirse estrictamente los procedimientos de esterilización rigurosa. Aunque ya desde 1967 se sabe de la existencia de los filovirus, los científicos todavía desconocen el medio natural de este virus, pues hasta ahora todos los casos han sido secundarios, es decir, han sido causados a partir de la transmisión de otra persona. Tampoco se sabe el mecanismo exacto que emplea el virus para introducirse en la célula huésped, ni existe medicamento eficaz contra el virus, ni técnica de inmunización para protegerse del contacto. Todavía no se ha desarrollado una vacuna. A finales de la década de 1990 y los primeros años del nuevo milenio se registraron con cierta regularidad varios brotes leves en diferentes partes de África. A pesar de las dificultades para obtener nuevos datos sobre esta terrible enfermedad, se sabe que los diferentes tipos del virus Ébola se encuentran sólo en África Central, y aunque se desconoce su origen natural, parece que los monos son vulnerables a la infección. Esta enfermedad es tan mortífera que es precisamente esta característica la que ha evitado que se produzcan desastres en masa, porque mata tan rápidamente que las personas infectadas ni siquiera tienen tiempo de contagiar a otros. En cierta manera, el virus desaparece solo antes de poder propagarse a un núcleo de población más grande.