Palabras clave: síndrome metabólico - síndrome de resistencia a la insulina - Síndrome X - nutrición - dieta - ejercicios - salud - prevención - diabetes - colesterol - estilo de vida - triglicéridos - HDL -
La enfermedad conocida con el nombre de síndrome metabólico consiste en la presencia de al menos 3 de los siguientes 5 criterios: aumento de la circunferencia abdominal (más de 102 centímetros en los varones y de 88 en las mujeres), triglicéridos elevados (más de 150), colesterol HDL disminuido (menos de 40 en hombres y de 50 en mujeres, hipertensión arterial (más de 13 de máxima y de 8,5 de mínima), y glucemia en ayunas superior a 100 o diabetes tipo 2 ya diagnosticada. El síndrome metabólico, también conocido con el nombre de síndrome de resistencia a la insulina o Síndrome X, se presenta en la mayoría de los casos de manera asintomática. El riesgo aumenta cuando se diagnostica tardíamente a partir de algún tipo de consecuencia cardiovascular como el infarto de miocardio o la hemiplejía. La prevención puede llegar desde uno mismo y por eso siempre es aconsejable chequear la presión arterial y realizar un estudio de laboratorio para conocer los niveles en sangre de los triglicéridos, colesterol total, colesterol HDL (colesterol bueno) y azúcar en sangre. Estilo de vida Cuando el Síndrome es detectado el paciente puede optar por comenzar a modificar su estilo de vida. En este caso puede realizar ejercicio (al menos caminar a paso vivo) para mejorar el estado físico. También es importante que pierda progresivamente peso a partir de una dieta saludable que incorpore carne magra, abundantes frutas y verduras, pescado y pollo sin piel. Además se puede optar por tomar medicinas -previa indicación del médico- que incluyan aspirinas, antihipertensivos o reductores de colesterol. Si la persona es fumadora es recomendable suspender el hábito y además asistir puntualmente a las consultas médicas. Si el paciente toma en cuenta estas recomendaciones es posible que agregue calidad y años a su vida. Actividad física La realización de alguna actividad física con regularidad hace descender los valores del ácido úrico y del colesterol, y previene la diabetes y también la osteoporosis. Según especialistas, la ejercitación debe realizarse no menos de cinco veces a la semana y durante un mínimo de media hora en cada oportunidad. El ejercicio está asociado con una mejoría en el control de la dislipemia (cualquier alteración en los niveles normales de lípidos plasmáticos), independientemente de la pérdida de peso. La modificación del estilo de vida reduce la incidencia del síndrome metabólico en un 41% en relación con aquellas personas que no lo hacen. La actividad física cobra más importancia aún si se considera que el 50% de las personas con sobrepeso tienen hipertensión arterial. La hipertensión arterial es casi 6 veces más frecuente en obesos que en no obesos. El consumo de pescado asociado al descenso de peso tiene un efecto aditivo en la reducción de la presión arterial. Dieta El consumo de una dieta rica en frutas, vegetales, y baja en grasas, reduce la presión arterial sistólica. La reducción de la ingesta de sodio por su parte, provoca un descenso de la presión arterial y si esa reducción de consumo de sal se mantiene por algunos años, la caída de la presión puede ser mayor con el tiempo. También hay que considerar que el 80% de los pacientes diabéticos tipo 2 son obesos. El aumento de peso de 20 kilos en el lapso de 8 años, determinará un aumento de 12 veces el riesgo de tener diabetes. La pérdida de peso contribuye en un descenso del 58% en el desarrollo de diabetes.