Palabras clave: diarrea infantil - bebé - síntomas - fiebre - muerte - infecciones - bacterias - deposiciones - materia fecal - leche materna - enfermedades - salud - prevención - higiene -
Tanto el papá como la mamá deben saber que tienen en sus manos una herramienta poderosa para evitar que su hijo padezca esa molesta enfermedad. Con algunos cuidados en la higiene y un control diario del bebé, que con buenos ojos puede seguirse en el hogar, la diarrea no se convertirá en un riesgo fatal. Veamos en detalle. La diarrea es una enfermedad muy común en los niños de corta edad. Puede producirse por infecciones a causa de alguna bacteria, por problemas con algún alimento ingerido y hasta puede ser consecuencia de medicamentos que el propio pediatra le suministró al pequeño. El primer diagnóstico, como ocurre con otras enfermedades del bebé, es elaborado por los padres. Empieza cuando al cambiar el pañal encontramos que la materia fecal se ha tornado muy blanda, casi líquida. No importa tanto el número de "deposiciones", como se utiliza en la terminología médica, sino el tipo de materia fecal del bebé. Para la mamá o el papá que está acostumbrado a cambiarlo, no será difícil notar un cambio semejante. Claro que a veces la diarrea viene acompañada de otros síntomas que hacen más evidente que el niño está enfermo y necesita urgente atención médica. Un repentino decaimiento con cuadro febril, pone muy irritado al pequeño que quiere transmitirnos su malestar general. En este caso no debemos dudar ni demorarnos con recetas caseras: el niño puede estar sufriendo un proceso infeccioso y podría enfrentarse a complicaciones muy delicadas. Pero a no alarmarse. Lo mejor es actuar con decisión y en el momento preciso. El primer objetivo a cumplir es evitar que el niño se deshidrate, porque la diarrea refleja un aumento en la velocidad del tránsito intestinal, y esto significa una pérdida acelerada de los líquidos. Hay que suspender la leche y administrar abundantes líquidos. Mientras tanto, ubicar al pediatra para que tome el caso y determine el tratamiento. Quizás en la farmacia del barrio ofrezcan las conocidas sales de hidratación oral que ayudan a hidratar a un niño que presenta un cuadro diarreico. Pero no debe tomarse ninguna decisión de suministrarlas sin consulta al profesional. Podría agravarse el cuadro, y no es eso justamente lo que queremos en esa situación. Lamentablemente, si la diarrea se torna severa, con fiebre y vómitos, el niño puede deshidratarse en tan sólo 24 horas. Los labios de la criatura se pondrán secos, sus ojos hundidos, su carita chupada, y se secarán las membranas mucosas de la boca y la lengua. No hay dudas de que es mejor prevenir que curar. Con sólo tener el cuidado de mantener en condiciones higiénicas el estar del bebé, sus utensillos y sus alimentos, tenemos una buena parte del problema resuelto. Además, si el niño se alimenta con leche de vaca, es bueno hervirla previamente, igual que el agua que toma. En los días de calor, debe aumentarse la cantidad de líquido que se le suministra al pequeño. No hay que permitir que llore por tener sed, y si es preciso, es bueno bañarlos varias veces por día. En cuanto a la alimentación del bebé que padece diarrea, es aconsejable atenerse a lo que señala el pediatra, quien establecerá las características de la dieta obligada que se habrá de seguir. Generalmente se indica una dieta pobre en hidratos de carbono y sin celulosa, pero con mucha presencia de leche diluída, con papilla que contenga arroz, semolín y polenta, con agregado de aceite o manteca y queso duro rallado. También es recomendado el consumo de carne vacuna o de ave, sin piel, preparadas a la parrilla, a la plancha o hervidas. Para el postre puede reservarse una manzana asada o rallada y gelatina dietética. Dejar todo alimento no es lo adecuado. Un ayuno prolongado puede deteriorar aún más el funcionamiento de las células que forman la pared del intestino y puede prolongarse el cuadro diarreico. Orígenes del problema Volvamos sobre las causas de este mal que tanto preocupa a quienes cuidan niños pequeños. Según los casos presentados hasta el presente, la diarrea podría nacer de infecciones por bacterias, de trastornos alimentarios o de una reacción del organismo ante un antibiótico. Quienes viven en regiones que no tienen servicios cloacales y agua potable, deberán tener mucho cuidado con la circulación de moscas en donde come y duerme el niño. Aumenta el riesgo de que bacterias contaminen los elementos del hogar. Por eso se insiste con la higiene y el hervor del agua, antes de su consumo. Cuando el niño manifieste temperaturas, náuseas y vómitos, será demasiado tarde. Hay que actuar antes de que la diarrea lo debilite. No importa que se apresure en la opinión sobre el estado de su hijo y que el pediatra le diga que todo está bien, que no hay enfermedad. Mientras tanto, habrán cumplido con la obligación de todo padre de prevenir cualquier malestar de su criatura. Tenga que cuenta que si el niño está contento, aumenta su peso y come bien, no hay porqué preocuparse, a pesar de que algunas de sus deposiciones tenga una color verdosa o algo blanda. La verdadera diarrea da a los excrementos una consistencia acuosa, a veces con mucosidades, un color verdoso y un olor muy desagradable. La diarrea también puede originarse por una alteración de la flora intestinal producida por el consumo de antibióticos de la madre y que lo transmite por medio de la lactancia. Incluso la diarrea puede ser una manifestación secundaria de un proceso ajeno al aparato digestivo como una infección urinaria o una otitis. Las parasitosis no son una causa de diarrea. El riesgo de los remedios caseros Algunas mamás confían en lograr la recuperación de su hijo mediante la preparación de algún té curativo. Debe tenerse mucho cuidado con el empleo de esas hierbas mágicas, porque existen antecedentes de intoxicaciones por esas infusiones pseudocurativas. Esos remedios caseros, que alguna vez nos pudieron recomendar en la infancia, suelen perjudicar porque hacen que nos demoremos en la consulta al médico. Eso es fatal en un bebé que presenta un cuadro diarreico. La diarrea puede convertirse en crónica. Por eso, no cometamos errores. Busquemos lo mejor para nuestros hijos. La higiene y el cuidado de la alimentación, es el tesoro más valioso que podemos entregarles en las primeras horas de vida. La prevención no es una palabra más en una campaña oficial. Es una manera de actuar tanto el hogar como en el vecindario y que tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de todos nosotros. Con buena información, sabremos cuándo preocuparnos y cuándo no. No hay que tener miedo ni vergüenza a preguntar. Los más grandes sabios transitaron su camino en base a las preguntas. La amenaza de la diarrea infantil puede ser controlada con la prevención y la asistencia inmediata del afectado. Para prevenir será necesario observar y compartir cada minuto con el pequeño ser que llegó a la familia. El médico es el único que puede decidir si recurrir a algún remedio. No hay que suministrar antidiarreicos, antivomitivos o antibióticos sin consultar al especialista. Un adecuado control en el consultorio, con análisis de la materia fecal en un laboratorio, determinarán si el cuadro requiere medicación o puede ser superado mediante una dieta rigurosa. Podrá determinarse el grado de deshidratación mediante un análisis de sangre y orina. Pero los especialistas deben estar en el hogar. El papá y la mamá no deben olvidar que la evidencia más clara de un cuadro de diarrea está dado por el tipo de material fecal, la presencia o no de sangre y un olor notoriamente anormal. Con la ayuda profesional, una dieta estricta y un mayor cuidado en la higiene del hogar, el bebé superará el peligro. Para tener en cuenta - Si al momento de la aparición de la enfermedad el bebe sólo se alimentaba con leche materna, no hay que dejar de darle el pecho. Es posible que no quiera ingerir su alimento por otra vía, y se corre el riesgo de que deje de alimentarse. - Es importante remarcar que son pocos los casos de diarrea infantil en niños que se nutren del pecho materno. - Algunos especialistas enfatizan que hay que suministrarle al bebé una dosis de agua glucosada.