Palabras clave: alimentos enriquecidos - fortificados - nutrición - nutrientes - salud -
Se llama alimento enriquecido, o fortificado, a aquel en que las cantidades de uno o varios de sus nutrientes característicos han sido incrementadas industrialmente, con el propósito de lograr un mayor aporte del mismo en la dieta, asegurando así una mayor probabilidad de que la población alcance a ingerir las cantidades necesarias y recomendadas de dicho nutriente. Al menos, éste es el concepto original, en base al cual a un alimento se le añadían cantidades extras de uno de sus nutrientes, y no de sustancias no nutritivas o de nutrientes ajenos a la composición natural original. El término enriquecido se ha extendido hoy a la adición de otros nutrientes no característicos del propio alimento o de sustancias no nutritivas, con lo cual el límite entre alimento enriquecido y funcional es difuso. Sobran ejemplos Entre los ejemplos más clásicos cabe mencionar la leche enriquecida en calcio, los jugos de frutas con cantidad extra de vitamina C, o los cereales enriquecidos con fibra. En estos casos se ha añadido cantidades extras de sustancias que ya existían en el alimento normal, y que además eran nutrientes (a excepción de la fibra, que es un compuesto no nutritivo de los alimentos). Sin embargo, en la actualidad el listado se ha incrementado con la adición de nuevas sustancias que no estaban presentes, o lo estaban en escasa cantidad, en el alimento original. Así, podemos hablar de harinas enriquecidas (con hierro, ácido fólico, tiamina, etc.), leche "enriquecida" con flúor o con jalea real, de jugos "enriquecidos" con leche, de huevos con ácidos grasos omega-3, o de productos cárnicos y fiambres enriquecidos en fibra. Como vemos, en esta segunda versión se trata ya en definitiva de verdaderos alimentos de diseño, que más que enriquecidos deberíamos llamar modificados, y que entran en la filosofía de los alimentos funcionales: proporcionar una ventaja saludable que va más allá de los efectos nutricionales.